SIN FECHA, SIN COLOR

 

 

En la calle los grises se divierten

tiñendo hojas, casas y raíces.

Cierro fuerte, pienso la tristeza

de los días sin naranja o verde.

 

Añoro el amarillo de los puentes

y el resplandor del mar.

Añoro verte, el rojo amargo

de los patios sin luz,

y tengo miedo.

Hoy hace años ya, tan de repente.

 

Es cierto que olvidé enterrar los espejos.

Es cierto que las fotos

se quedaron allá y los teléfonos...

Apenas encuentro las palabras:

no se adonde cayeron, cuándo perdí

todas las bolsas de auténticas verdades.

No se. Fue rápido el camino

y no quiero volver.

 

O sí, si no fuera verano, si aún

pudiera descubrirme.

 

Pero es apenas Julio, y los días se cuelgan

de la sed, de imágenes

que vuelven y aún no se

si son premoniciones o recuerdos.

Los ecos me hieren, eso

no va a cambiar por más que de la espalda

a todas las puertas y pinceles

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y ya he roto todo lo demás.

El problema es que tampoco

puedo despegarme los pedazos.

El problema es el polvo

en que todo se vuelve,

las voces que me arrullan

y que pueden, lo se,

confundir los colores.

 

A veces, como hoy

es difícil la risa. A veces

no me quedan gestos y me canso

de intentar sonreírme atentamente.

 

Entonces es inútil cerrar fuerte,

correr las cortinas

y olvidar el brillo, la cáscara

de todo lo que empieza.

 

Aquí me he traído y aquí

he intentado vivir

y aquí voy a morir

con las manos abiertas

 

para que no se escape el último azul,

para que no naufraguen

en este gris el polvo

y el olor de mi puerto.