VOY, VENGO

 

 

Vuelvo la espalda a la niña

que me dice adiós. Abro la puerta

y salgo sola, sin más equipaje

que las hojas, las piedritas

de jugar y los recuerdos.

Dejo todas las palabras

 

Traje todas las palabras

y las doblé, una a una

encima del polvo de mis libros.

De nada me sirvieron. Vuelvo sola.

y éste es todo mi equipaje

 

Dejo los años de vivir, ésos

tinajones repletos de lo sido,

lo que no pudo ser, todo lo muerto

y todo lo perdido. Dejo la risa

en un rincón y las ventanas.

 

No necesito las ventanas

 

Aquí está mi historia repetida,

lo hecho, lo que quise,

lo vivido y todo lo que no.

Todo oscuro en el rincón

de la risa y las ventanas

 

 

 

Dejo el patio y la mata de naranjas.

¿Hacia dónde mirar? El verde

y el azul se han vuelto grises,

se ha oxidado el machete

de limpiar las malezas.

 

No me llevo el pañuelo del sudor

 

El guano del sombrero me protege

de tanta luz y la bandera

el son para bailar, los conocidos

toques a degüello. Acaricio

el filo del machete

 

Dejo junto a él las manos quietas,

la limonada fría, las hormigas,

el gorrión que salvé una vez,

todos mis gatos y mis perros

mi ropa de andar y los zapatos.

 

Dejo los zapatos de caminar la Habana

 

Me levanto, abro y entro.

Tras de mí

se alzan mis animales muertos

y caminan, se reparten

por las calles

hechos piedra, herrumbre, charcos

bajo los pies desnudos

 

Con ellos quedan los portales

los adoquines y rejas de mi ciudad,

el húmedo arrecife, el sol, la tierra.

Llevo sólo mis pasos y un camino

que se pierde en el mar.

 

Dicen que un camino sin regresos

 

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